No se pueden contar 10 segundos en menos de 10 segundos.
De la misma forma que no se puede limpiar algo sucio con aquello que lo ha ensuciado.
Excepto con una goma de borrar, con una goma sí se puede.
Si una goma está sucia y borras con ella por la parte de la suciedad, la suciedad se traspasa al papel, quedando la goma limpia y pudiendo borrar lo ensuciado.
Las gomas de borrar son entes apasionantes, no conocen limitaciones terrenales. Su uso no las extingue, pues nunca desaparecen: si borras algo escrito a lápiz, lo escrito desaparece, pero la goma no, pues quedan minúsculos trozos de goma esparcidos por el papel.
Esos trozos los apartamos con la mano o soplamos para espantarlos ya que nos molestan, ignorando su potencial.
Nunca se extinguen: sino que simplemente se esparcen, para su posterior regeneración... ¡sí! para su posterior regeneración, pues el aire las lleva volando, y los fabricantes de gomas de borrar recolectan los trozos que nosotros desperdiciamos al creer que no sirven.
Y es que los fabricantes de goma son unas de las personas más inteligentes del mundo, pues recogen esos trozos minúsculos desperdiciados y los juntan (eso ya no se cómo lo hacen, rumores no faltan, pues hay quien opina que los rejuntan con saliva, otros creen en la teoría de que utilizan los trozos de goma de borrar a modo de unión de unos con otros -pues las propiedades químicas de estos seres van más allá de lo que alcanza la mera percepción humana-, etc.). De esta manera, no realizan gastos económicos en la fabricación de gomas de borrar, obteniendo beneficios puramente netos.
Y este es el motivo por el cual las gomas de borrar son tan baratas.